Documento del mes 2017 – MARZO –

El Archivo Histórico Municipal de Cáceres muestra El Documento del Mes, documento expuesto y comentado de algunos de los numerosos documentos guardados en el Archivo Histórico Municipal de Cáceres:

TÍTULO DE BARBERO SANGRADOR FLEBOTOMIANO. 1699

El presente documento es un título legal de barbero sangrador que presenta en la villa de Cáceres el vecino de Arroyo del Puerco Miguel García Trejo en 1699, después de haber superado las distintas pruebas que le facultaban para el ejercicio de su oficio en cualquier territorio de la Corona. El ejercicio de barberos y sangradores era controlado por el Protomedicato, institución que regulaba las funciones de médicos y cirujanos , pero cuyas competencias se extendían a otros oficios como ensalmadores, boticarios, especieros o herbolarios.

Los sangradores flebotomianos eran examinados por el  Protobarbeirato, que era la institución que vigilaba para que sólo ejercieran aquellos profesionales que eran examinados por los barberos mayores. Se refería a aquellos barberos que pusieran tienda para sajar, a quienes se autorizaba para sacar dientes y muelas, sangrar y poner ventosas y sanguijuelas, mientras que no se entrometían en el oficio de los que sólo ponían tienda de afeitar y cortar el pelo.

Para ser recibido a examen era preciso haber practicado el arte de sangrador flebotomiano durante al menos cuatro años bajo la tutoría de un maestro examinado, circunstancia que había de acreditar la justicia local. El examen constaba de una parte teórica y una práctica. En la primera el aspirante debía exponer sus conocimientos sobre la anatomía vascular y los procedimientos más rutinarios del arte: del conocimiento de las venas, cuáles y cuántas son y en qué lugares se reparten, y de los nombres de ellas y del modo de sangrar, sajar, echar ventosas, sanguijuelas, sacar dientes y muelas, mientras que en la segunda, realizada en un hospital, debía demostrar su habilidad práctica en las técnicas de las que había sido examinado.

Los derechos de examen se fijaban en media “annata”, que era el equivalente a la mitad del  salario que podía producir el empleo en un año. Otra de sus obligaciones era la asistencia gratuita a los pobres de solemnidad que no podían pagar los honorarios de un  sangrador.

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