PRENSA Y MEMORIA

Durante estos días, se ha celebrado una de las exposiciones que más público ha congregado en Cáceres en los últimos años. La exposición en cuestión, ha sido organizada por el periódico Extremadura para conmemorar su 95 aniversario, en una ciudad que ha caminado por sus páginas desde el 1 de abril de 1923, cuando el obispado funda este medio de comunicación. Sobre un soporte de lonas, se reproducen portadas y fotografías que nos trasladan al pasado histórico de Cáceres y de sus gentes, de sus retos y de sus decepciones. Nadie duda, a estas alturas, que la prensa del pasado es una fuente histórica y pedagógica de primer orden, que nos aporta información del día a día de la sociedad a la que va dirigida.

Exponer documentos, textuales o gráficos, sobre la presencia de un veterano periódico de provincias, es hacerlo sobre la propia memoria histórica de la ciudad que lo vio nacer. El Cáceres de 1923 era muy diferente al actual y de su evolución ha sido espectador y testigo activo un diario que se ha mantenido en el tiempo, a pesar de los condicionantes históricos y las limitaciones que la libertad de prensa sufrió en épocas que nos parecen lejanas.

La exposición que nos brinda el Extremadura, nos hace viajar por la historia cacereña del último siglo. Monarquías, dictaduras o república, se han sucedido sobre un solar que ha evolucionado en función del tiempo histórico que la ha tocado vivir. Niños y adultos se sorprenden en pleno Paseo de Canovas, ante titulares que hablan de gestas deportivas, bélicas o sociales. La Extremadura de la Guerra Civil vista desde uno de los bandos en litigio, las ferias desde sus orígenes hasta ayer mismo, las tradiciones y su entorno social en una pequeña capital de provincias, la llegada de la democracia tras el extenso y profundo paréntesis franquista, el comercio local y sus protagonistas mercantiles, los pantanos que retuvieron las aguas para producir energía destinada al progreso industrial de territorios lejanos, los obispos y su presencia en la vida religiosa, moral y política de la ciudad, la II Guerra Mundial vista desde la España del hambre, la autarquía y el luto, la incorporación de la fotografía al periodismo para apuntalar la información de manera transparente, el desarrollo y evolución del turismo como actividad económica y seña que identifica el Cáceres del tiempo presente, olimpiadas y Expo Universal que protagonizaron el mismo año que se rememoraba el descubrimiento americano que tanto tiene que ver con los extremeños que siguieron la ruta que conducía al Nuevo Mundo, la transición democrática que tanto aporto en la modernización de eternizados esquemas sociales del pasado, los primeros festivales Womad que abarrotaron de color, música y gente diferente las calles y plazas de la vieja villa, las primeras bodas legales entre personas del mismo sexo convertidas en portada de prensa que ensalzaba la cuestión a nivel de acontecimiento. Todo ello conforma una parte importante del pasado cacereño que podemos analizar desde una exposición callejera, como deben ser los actos que pretenden trasladar a la sociedad apuntes de la memoria colectiva. Mi más sincera felicitación al periódico Extremadura por organizar una exposición para divulgar el pasado cacereño de manera abierta y plural.

Fernando Jiménez Berrocal

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